Abriendo nuevos campos en la investigación biomédica frente a una gran variedad de patologías que podrían ser tratadas con Kambó.
Las secreciones gelatinosas de la piel de las anuras contienen compuestos biológicamente activos en alta concentración. Estas sustancias forman parte de su sistema inmunitario innato, actuando como defensa frente a infecciones y depredadores, y se liberan en respuesta al daño, el estrés o una amenaza.
La mayoría de estas moléculas son polipéptidos bioactivos formados por cadenas de entre 4 y 50 aminoácidos, lo que ha abierto nuevas líneas de investigación biomédica frente a diversas patologías.
Una de las secreciones con mayor concentración de estos biopéptidos es el kambó, también conocido como “campu”, “sapo” o “vacuna de la selva”. Es producido por la rana arbórea Phyllomedusa bicolor, presente en la Amazonía (Perú, Brasil y Colombia). Desde hace más de 2000 años, ha sido considerado una medicina ancestral por diversas tribus indígenas de la región.
Un recorrido por el redescubrimiento del kambó y el inicio de su estudio en la ciencia moderna, desde las primeras observaciones hasta las investigaciones pioneras en laboratorio.
A principios del siglo pasado, la gran sequía en la zona noreste de Sudamérica produjo una migración de grandes masas de población a las zonas selváticas occidentales para trabajar en las fábricas de caucho. Esto favoreció el redescubrimiento del “kambo”, y su utilización por poblaciones no indígenas, fuera de la cultura tribal nativa de la selva. Sus peculiares efectos promoveron la curiosidad y el estudio científico tanto para caracterizar su composición, como para determinar sus propiedades bioactivas.
Los estudios sobre las tribus indígenas usando kambo comenzaron en los años treinta. Pero fue el antropólogo y periodista Peter Gorman, sobre 1980, quien documentó su experiencia con el tratamiento del kambo en su artículo “Making Magic” y envió muestras de la secreción de la phylomedusa bicolor a las universidades occidentales, interesándose en su estudio y promoviendo el registro de las primeras patentes de los péptidos bioactivos del kambo.
El primer péptido bioactivo producido por una filomedusa se descubrió en 1966. Las investigaciones científicas del Kambo empezaron en 1980, gracias al farmacólogo italiano Vittorio Erspamer, de la Universidad de Roma. Fue nominado dos veces para el premio Nobel y se considera el primer científico en analizar el Kambo en el laboratorio.
“Kambo contiene un fantástico cóctel químico con potenciales aplicaciones médicas, sin igual para ningún otro anfibio.”
El kambo se administra a través de pequeñas quemaduras en la piel, desencadenando de forma inmediata una variedad de reacciones químicas beneficiosas. A diferencia de muchas otras sustancias, tiene la capacidad de cruzar la barrera hematoencefálica, produciendo sus efectos también a nivel cerebral.
Como las Taquicininas, producen contracción en la musculatura lisa y aumentan las secreciones del tracto gastrointestinal. Son los principales responsables de la profunda purga que produce el kambo.
Potentes vasodilatadores, aumentan la permeabilidad de la barrera hematoencefálica. Las medusinas también poseen propiedades antimicrobianas y antifúngicas.
Péptidos con propiedades miotrópicas que producen una caída en la presión arterial con taquicardia. Estimulan la corteza suprarrenal y la glándula pituitaria, contribuyendo a una mayor percepción sensorial y aumento de la resistencia. Poseen un gran poder analgésico.
Pequeños péptidos agonistas de los receptores delta opiáceos, 4000 veces más potentes que la morfina y 40 más que las endorfinas endógenas.
Descubiertas en los años 90, trabajan a través de los receptores de adenosina. Pueden ofrecer una diana para el tratamiento de la depresión, ataques de apoplejía y enfermedades de pérdida cognitiva como Alzheimer y Parkinson.
Incluyen adenoregulinas, plasticinas y filoseptinas. Muestran efectos letales contra hongos filamentosos, un amplio espectro de bacterias, levaduras y protozoos. La Dermaseptina B2 y B3 han demostrado ser eficaces en la muerte de ciertos tipos de células cancerosas.
Como las filoquininas y triptofilinas. Son hipotensoras, producen vasodilatación y están relacionadas con el mecanismo del dolor inflamatorio.
Estimulan la secreción de ácido clorhídrico, la secreción pancreática y la contractibilidad del músculo liso
Estimulan las secreciones gástricas, biliares y pancreáticas. Se podrían emplear en el íleo paralítico.
Neuropéptidos que están abriendo nuevas perspectivas sobre cómo funciona el cerebro humano.
Estos biopéptidos han despertado un enorme interés científico y muchos de ellos han sido sintetizados con éxito en el laboratorio y patentados (más de 70 patentes registradas), pero hasta el momento aún no se ha utilizado ninguna de estas moléculas en la práctica clínica.
La investigación sobre los componentes del Kambo continúa evolucionando para encontrar aplicaciones clínicas en el mundo de la medicina y la farmacología. Durante miles de años, las tribus amazónicas han estado utilizando y beneficiándose de este cóctel químico según sus tradiciones ancestrales. Ahora nos toca a nosotros, apoyados por la ciencia, aprovecharnos de este regalo de la naturaleza y obtener todos sus beneficios.
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