INSTITUTO TERAPÉUTICO ESPIRITUAL LOTO

Terapias asistidas con psicodélicos: una apuesta por la innovación contra la crisis de salud mental

Para que este campo pueda desarrollarse en España se necesita un poco más de conocimiento sobre estas terapias, voluntad para apoyar su investigación y desarrollo, y visión de futuro para empezar a permitir su implementación segura.

María es una mujer de mediana edad, casada y con hijos. Podría parecer que lleva una vida normal, pero desde hace más de 20 años arrastra una depresión que lastra su vida. Lleva la mitad de ese tiempo tomando diversos antidepresivos, también ha probado diferentes psicoterapias, pero nada parece funcionar. Vive sumida en una profunda apatía y una negatividad de la que no puede escapar. Su médico le desliza que tal vez tiene que aceptar que así es su forma de ser, que tendrá que resignarse a vivir medicada el resto de su vida pese a no sentirse bien. Pero ella sabe que hubo un tiempo en el que todo fue diferente. Antes de perder a varios de sus familiares ella era una mujer feliz. Ahora, a veces se sorprende a sí misma pensando que ojalá llegue el día en el que no se despierte, porque solo así dejará de sufrir.

Aunque María es un nombre ficticio, su caso es real y hay muchísimos parecidos en España. Los trastornos en salud mental -como la depresión, la ansiedad, el estrés postraumático y las adicciones- no han parado de crecer en las últimas décadas y, con ellos, el impacto humano, social y económico que estas condiciones causan, saturando los limitados recursos destinados al tratamiento de salud mental en nuestro sistema sanitario. Todo esto, además, con el agravante de que hay un porcentaje de pacientes, como María, que ni siquiera consiguen mejorar con los tratamientos convencionales y que quedan adheridos a ellos durante años, de forma crónica, sin llegar a ver un atisbo de luz.

Hay una buena noticia: en los últimos años se ha mejorado mucho a nivel social en la detección y comprensión de estos trastornos para que ya no sean motivo de vergüenza o estigma. También hay una mala noticia: desgraciadamente, nuestras herramientas terapéuticas para abordarlos apenas han evolucionado en las últimas décadas y, a veces, pueden ser incluso problemáticas (pensemos en los efectos secundarios del uso cronificado de algunos antidepresivos o ansiolíticos). A diferencia de otras áreas de la medicina, en un campo tan importante en la salud pública moderna como el de la salud mental, ha habido muy pocas innovaciones y los trastornos psicológicos y psiquiátricos se siguen tratando mayoritariamente con técnicas y herramientas de hace más de medio siglo.

En este contexto tan poco alentador, las terapias asistidas con psicodélicos (TAP) se han erigido en los últimos años como la principal promesa que podría ayudar a romper esta dinámica de estancamiento en salud mental. Estas terapias combinan el abordaje psicoterapéutico con el uso puntual y bajo supervisión de sustancias psicodélicas como la psilocibina, el LSD o la DMT, o semi-psicodélicas como la MDMA o la ketamina, que potencian el efecto de la psicoterapia. Lo que consiguen es que en una sesión (o unas pocas sesiones) de administración supervisada dentro de un programa estructurado de psicoterapia, muchos pacientes no solo mejoren sus síntomas, sino que logren alcanzar una remisión completa de su condición. Es decir, que se curen.

Esto, además de ofrecernos una nueva herramienta terapéutica valiosísima, supone un importante cambio de paradigma en salud mental: implica dejar de usar los psicofármacos para tapar los síntomas y pasar a utilizarlos para profundizar más en la causa y potenciar el efecto de la psicoterapia posterior. Salvando las distancias, sería algo así como lo que supondría pasar de usar analgésicos para tratar una lesión a hacer una cirugía que pueda intentar resolverla. Siguiendo con el símil anterior de la cirugía, el uso de las terapias asistidas con psicodélicos requeriría de una mayor preparación del paciente y del terapeuta, de un cribado de pacientes para garantizar su seguridad, etc. A cambio, sin embargo, permitiría a muchos pacientes cronificados curarse y dejar atrás la terapia y los psicofármacos.

Afortunadamente este fue el caso de María, quien después de sentirse desahuciada del sistema médico al no dar con ninguna solución a su situación, fue reclutada para un ensayo clínico de 5-MeO-DMT, una sustancia psicodélica que se ha estado investigado recientemente en España para el abordaje de la depresión resistente a tratamiento como la suya. María describe cómo esa experiencia psicodélica que le produjo el 5-MeO-DMT fue muy intensa y profunda, dura pero catártica, y que salió de ella sintiéndose mucho mejor de lo que se había sentido nunca en los últimos 20 años, con la sensación de haberse curado. Después de la experiencia psicodélica, vino la fase de integración, en la que la psicoterapia le ayudó a desarrollar y consolidar esos avances. A día de hoy, María habla de su depresión en pasado, como un periodo que ha abarcado una gran parte de su vida adulta, pero que también ha tenido una fecha de final: la del día de su experiencia supervisada con 5-MeO-DMT. De aquello hace ya un año. Un año en el que se ha sentido muy bien.

La historia de María no es algo excepcional, sino que sigue un patrón que se repite en muchos de los pacientes de los ensayos clínicos con terapias asistidas con psicodélicos: pacientes cronificados, que llevan años probando tratamientos con escaso éxito y que, después de una (o unas pocas) administración de psicodélicos en un contexto terapéutico supervisado, dejan atrás sus depresiones, ansiedades, traumas y adicciones, una mejoría que se mantiene durante meses (e incluso años) post-terapia.

Pese a estos resultados tan prometedores, sin embargo, estas terapias no gozan de un gran interés comercial que atraiga grandes inversiones privadas y agilice su desarrollo. Además, sufren de un estigma relacionado con el desconocimiento y los prejuicios derivados de su uso recreativo descontrolado en los años sesenta del pasado siglo y que nada tienen que ver con la enorme seguridad que demuestra su uso médico supervisado actual. A diferencia de otros fármacos y drogas, de hecho, la mayoría de psicodélicos carecen de potencial adictivo y toxicidad en terapia.

Desgraciadamente, España es un claro ejemplo de la fuerza de estos prejuicios. A principios de siglo fue uno de los primeros países del mundo donde hubo un conato de investigación clínica con psicodélicos, concretamente psicoterapia asistida con MDMA para el estrés postraumático en mujeres víctimas de violencia sexual. El ensayo arrancó en el Hospital La Paz de Madrid, pero el estigma llevó a que este estudio pionero fuese cancelado en cuanto la noticia de su existencia llegó a los medios de comunicación y a las altas esferas.

No obstante, y a pesar de ello, en las dos últimas décadas los mejores hospitales y universidades del mundo han entrado de lleno a investigar estas terapias. Sus prometedores resultados han llamado la atención de muchos países que empiezan a darse cuenta de la enorme necesidad que hay de sacar adelante estas terapias cuanto antes. Países como Suiza, Australia, Alemania, Canadá o República Checa ya han abierto caminos para que sus pacientes resistentes a tratamiento puedan recibir estas terapias. Además, organismos comunitarios como la Agencia Europea del Medicamento o el Parlamento Europeo ya han abordado este tema con interés, y la Unión Europea ha destinado varios millones de euros a programas de investigación clínica de TAP.

En cambio, en España, un país que podría haber estado a la vanguardia de esta innovación desde el principio -y que sigue teniendo abierta esa oportunidad-, estas terapias todavía están muy lejos de poder aplicarse fuera de los escasos ensayos clínicos que se están llevando a cabo (a excepción de la esketamina, que es un semi-psicodélico con menor potencial pero que ya ha sido autorizado en toda la UE para la depresión resistente). Desde organizaciones como la Sociedad Española de Medicina Psicodélica (SEMPsi) o la Fundación inawe llevamos años trabajando para facilitar y acelerar este proceso a todos los niveles (académico, clínico, político y social) en España, con iniciativas como la primera jornada parlamentaria sobre terapias asistidas con psicodélicos, que se celebra este 13 de febrero en el Congreso de los Diputados.

Para que este campo pueda desarrollarse en nuestro país y ponerse al nivel de otras naciones de nuestro entorno no se necesita nada extraordinario, simplemente un poco más de conocimiento sobre estas terapias, voluntad para apoyar su investigación y desarrollo, y visión de futuro para empezar a permitir su implementación segura. Bastaría con que España permitiese un programa de acceso compasivo a las TAP para pacientes resistentes -como el que han iniciado Alemania y otros países-, para que pudiésemos ir avanzando mientras generamos la evidencia necesaria que nos permita una mayor implementación futura. Bastaría simplemente eso para poder dar esperanza a muchos pacientes más como María.

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